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“La caída del museo Británico”, es el nombre de una famosa novela escrita por el gran maestro Inglés, David Lodge. Los toques de humor e ironía le otorgan la fuerza que requiere la expresión del tema que trata. Adam Appleby, joven católico, casado, que trabaja en una tesis sobre literatura inglesa en el Museo Britanico, practica el extraño “método seguro”, que propuso la iglesia católica para la regulación del nacimiento de los hijos (puesto que no son permitidos preservativos ni pastillas). La vida sexual de Appleby es poco amorosa, mas bien parece ser un acto mecánico en que los termometros son un utensilio primordial.

     Por religioso que sea, está desesperado. no tiene como sostener un hogar con tres hijos pequeños, y además, teme el advenimiento de un cuarto bebé. El sujeto se asusta; le pide a su mujer que se tome la temperatura del cuerpo y calcule el periodo de su regla. Barbara ya está harta de todo. Appleby ya no aguanta.

Lee escenas eróticas en las novelas, observa cada letra que transmite el feliz acto sexual de un ser ficticio, medita cada vida artificial y la compara con la suya. Pobre literato, marido, lastimero hombre que no puede disfrutar del placer. O deja el catolicismo, O cambia de oficio.

     De su boca salta un chorrito de palabras cargadas de sinceridad e inquietud: “La literatura habla mucho de sexo y poco de tener hijos. la vida es al revés“. Así es, Addam.

     Para su tranquilidad, el joven Appleby consigue un trabajo fortuito que le permite continuar viviendo su fe, pero con todo lo que ha experimentado en un solo día, prescindirá del “metodo seguro“, para vivir su vida un poco más seguro.

Es hora del alba

Es hora del alba,
Y te encuentro a mi lado,
Sobre mi hombro recostada,
Sin decir una palabra.

Tu voz no es necesaria,
Con las manos me hablas,
Con tus ojos me abrazas
Y juntos esperamos la mañana.

Es hora del alba,
Y tu rubia cabellera resplandece
Cual trigal en madrugada.

Nace el sol junto a tus labios,
Alumbrando tus mejillas
Y veo tu suspiro
Resbalando en mis manos,
Como viento sobre campos rasos.

Es hora del alba,
Y respiro tus suspiros,
Absorbo tus trigos,
Y me encierro en tus miradas.

Horizonte infinito,
Que unes nuestros sentidos,
Con tu palabra
Funde nuestras almas.

Es hora del alba,
Y ya no hay miradas
-ni palabras-
Sino este canto alegre
Para recibir al sol naciente.

Hello world!

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